domingo, 15 de enero de 2012

El sueño del ego


Nuestra estructura psíquica define el sello de nuestra realidad. Nuestro comportamiento es el resultado de nuestra manera de pensar, y siempre justificamos nuestros pensamientos y nuestra experiencia.

Hemos generado unos mecanismos de defensa o amortiguadores psicológicos como formas de sobrevivir en el mundo. Éstos varían según el tipo de personalidad. En la medida en que nos protegemos generamos capas de defensa que, a la vez que nos protegen del mundo, no permiten la sanación de la mente. Nuestros mecanismos de solución –pensamientos- perpetúan el problema, son proyecciones o soluciones mágicas, en términos del curso, que perpetúan los mecanismos del ego. En realidad no hay solución en el nivel del ego -dentro del mundo- porque se ha separado de la fuente. 

La proyección es la forma en que la mente cree expulsar la culpa afuera, lo que hace para no sentirla. La estructura del ego tiene un trasfondo de miedo que nos encauza a sentir culpa o inocencia. Esta polaridad es la forma en que la mente humana está configurada. Para negar nuestra experiencia de culpa usamos la proyección. No podemos sentir toda la culpa que sentimos por miedo a que nos destruya; lo que hacemos es atacar a los demás como forma de supervivencia.  

Detrás de la idea de separación hay miedo. Si no hay amor -unidad- hay miedo. La culpa es el mecanismo de defensa de la mente ante el miedo. La proyectaré hacia fuera o hacia mí mismo. Me ataco también a mí porque creo que mi mente está fuera. El miedo es mi proyección atacándome a mí o al otro. La mente hace una proyección, que es una forma de solucionar desde el ego un problema que yo mismo he generado.

Las adiciones, proyecciones preferidas o patrones se manifiestan en una experiencia humana universal, que según el curso  es miedo, culpa -para no sentir el miedo- y resentimiento -porque ves que estás sufriendo y que no has resuelto nada con culpa.

La aceptación total -de que la causa de mi experiencia soy yo- es perdón. La indefensión es una de las grandes herramientas para llegar al perdón. Es reconocer que no podemos salir de la mente con los pensamientos de nuestra mente. Lo primordial es reconocer nuestras ilusiones (porque no estamos sintiendo nuestra culpa/miedo). Observar los pensamientos, mirar nuestra herida, el sufrimiento, los patrones del ego, examinar las ilusiones. Miramos a nuestras ilusiones hasta donde podemos, sin forzarnos. Luego reconocemos que no podemos dar una solución en la estructura de nuestra mente, porque es la que crea el problema. Reconocemos que no somos el ego. Después viene la indefensión: el lugar para la oración y petición de ayuda: Padre, dime qué pensar, qué hacer, a dónde ir, porque yo no sé nada.

La conciencia trae la sanación. El ego oculta la conciencia con la culpa, creyendo que así  compensa algo. La propuesta del Espíritu santo es que le traigas la verdad de tu mente -la oscuridad- y en lugar de culpa, pongas conciencia. Poner conciencia no es negar. El Espíritu Santo no va a sanar nada que tú no le hayas mostrado. No eres tú quien peca y no eres tú quien perdona. Peca el ego, perdona el Espíritu Santo -a través de ti.

Nosotros queremos salvar a los demás a causa de nuestra culpa. Creemos que porque nosotros tenemos culpa el mundo sufre. La culpa es el modo en que el ego te dice que resuelves el hecho de que no sientes amor. El ego piensa que corrige y cura cualquier cosa. La experiencia diferente es el amor. Es la experiencia nueva que queremos tener y que buscamos a través de las adicciones de nuestra mente -haciendo siempre lo mismo-. En el momento en que tienes una experiencia de amor con una mente humana deja de ser amor -queda aprisionada-. La mente sufre por la separación y busca motivos para amar; entonces ya ha metido al amor en una prisión.
           
Las leyes del mundo -del ego- y las leyes divinas son dos formas de moverse en el mundo. El curso no dice que el mundo no importe. La finalidad del curso es convertir este sueño en un sueño feliz en tu mente. Que esta pesadilla sea un sueño feliz. Que el ego sea intervenido por el amor.

El plan del curso es personalizado. ¿Qué te dice el Espíritu santo a ti? Lo que te inspira a hacer es una metáfora de la salvación, lo representa todo. Como seres conectados con el Espíritu santo -la parte sana de la mente que nos inspira-, lo que te dicte será personal. El Espíritu santo no enseña en la forma, aunque tú actuarás en la forma. El amor pasa por donde puede, por donde te dejas -como el agua.

No es éste un mundo diseñado por Dios para que aprendas (no tiene nada que ver con Dios). Pero en este mundo/laberinto hecho para que estés separado del amor se filtra el Espíritu Santo y lo aprovecha para hacerte salir. Aprovechará lo que te pasa, todo lo que le das, para sacarte del laberinto. ¿Cómo aprovecho yo cualquier cosa que me pasa durante el día, en este momento? ¿Cómo el amor aprovecha eso? No pasa nada hasta que empezamos a ver.

La culpa es el remedio o plan de expiación del ego. No nos defiende ni nos protege. No nos deja reflexionar ni avanzar. La culpa elimina la pregunta, la auto indagación. Te dice que el problema está fuera. O que sientes culpa por ser como eres, lo que equivale a desear estar en otro lugar. Ante esto reconocemos que no podemos hacer nada y nos asentamos en la indefensión.

Reflexiona, observa con ternura hacia ti mismo, sin culpa, con paz y calma. Cuando sientas incomodidad pregúntate: ¿qué he hecho que Dios no hubiera hecho, o qué he dejado de hacer que Dios hubiera hecho? La conciencia es pedir al Espíritu santo o a Dios ver algo con Él, verlo juntos. La santidad te usará a tu manera, con tu vehículo (el ego no quiere que sea a tu manera). Planta un concepto –pregunta- en tu mente espiritual y caliéntalo (no pensándolo con la razón) en tu meditación/silencio para que se abra como una semilla.



miércoles, 11 de enero de 2012

La inspiración

El mundo es un misterio. Es ingenuo tratarlo como si no lo fuera. El conocimiento del que habla el curso trata de que no sabemos nada. Como no podemos afrontar la sensación de no saber, le damos un significado, y creemos que el mundo es tal como lo percibimos. Ello nos deja atrapados en una creencia limitante.

El corazón representa la  conexión con el alma; la mente es el instrumento del conocimiento, y tiene que estar bien afinado para que el corazón sea accesible a la conciencia del alma. Los dos vehículos, mente y corazón, tienen que estar purificados. Podemos tener una experiencia emocional (devoción) o mental (conocimiento) de amor, pero así nos encontramos escindidos de una fusión entre sabiduría y amor. A través de esta enseñanza intentamos unirlos.

El conocimiento debe servir a la inspiración, y viceversa. El conocimiento es lo esencial de lo que queda de nuestra experiencia; lo que hemos comprendido realmente. Saber nos da estabilidad, pero sólo nos ha sido útil por un momento; luego se convierte en una prisión. Este conocimiento debe ser deshecho a través de la inspiración. El verdadero conocimiento sólo nos da la visión del paso siguiente. En el instante santo, sabiduría y amor se hacen uno.

 El misterio –el conocimiento silencioso- requiere cierta energía. La energía se puede transformar en conciencia. Esto se debe hacer a través de la inspiración, entregando la energía al Espíritu santo, poniéndola a su servicio.

Podemos aprender a inspirarnos y usar la energía para transformarla en conciencia, y a ponerla al servicio de algo mayor. Haciendo, desde la rendición, un movimiento hacia la inspiración. La inspiración va a usar nuestro conocimiento. Pero si usamos nosotros nuestro conocimiento, la inspiración no llegará. La inspiración usará lo que sabemos para explicarnos lo que no sabemos. 


Es necesario decir no sé, para luego lanzarse al río. No te lanzas sabiendo, sino  impulsado por el desconocimiento, por el no saber. Lo que te lanza al río es el amor. Le pides que sea Él quien te sostenga, renuncias al yo. Algo así como: yo sólo he hecho esto, y visto honestamente, me arrepiento. Es lo que sabía hacer, y no me conformo. Tiras esto al río, te tiras con ello y te dejas llevar. En el momento de inspiración o instante santo en que te atreves a confiar en la vida, sabiendo que el amor es el río, el pequeño amor que reconoces en ti se funde con el amor y se suma a tu voluntad.

Lanzarse al río significa no resistirse a decir sí a la vida tal como es. Y a veces el río une sus fuerzas a las tuyas y llegas a la orilla. Cuando vivimos siendo inspirados la vida nos sostiene, la vida nos vive. Cuando la vivimos nosotros lo solemos hacer desde nuestra mente/percepción.

Cuando toco la orilla algo florece, ocurre un milagro. La luz ha llegado, y hay que extender el fruto de esa luz -la experiencia-. Debes sembrar el fruto para que eche raíces en ti. Tu función especial, entonces, se te abre. La inspiración se extiende a través de ti, de tus canales creativos, por toda la filiación.

Cuando pones el conocimiento al servicio de la inspiración -los unes-, no te quedas estancado. Puedes convocar el conocimiento de lo que ya sabes, y en esta relación de amor con el conocimiento, la inspiración encuentra cómo llegar a ti. La inspiración es el último paso que da Dios. 

El rezo es un conocimiento. ¿Qué es lo que hace que el rezo tenga efecto? La inspiración. No puedes inspirarte a ti mismo, pero sí puedes confiar (tirarte al río). En la medida en que confías en lo desconocido, en lo que no sabes, en el misterio,  la inspiración llega a ti. Cuanto menos crees en lo que sabes, más fuerza tiene la inspiración. La inspiración hace que la conciencia brille y sea movida por el amor.

Tú no dependes de ti para nada. A veces quieres depender de ti y manejar la inspiración para manipular. En lugar de obligarte a dejar de controlar y con ello generar culpa, puedes dejar que de ahí emerja el perdón.

Hay veces en que te tiras al río y nadas a contracorriente; eso es el miedo a la nada, a no ser nada. Prefieres esta prisión que el misterio del río que no sabes adonde te lleva. El no hacer nada con el conocimiento es lo que nos permite que la inspiración nos utilice. Desde la indefensión, reconociendo que no sé, digo: Padre, dime a donde ir… Porque soy movido por la inspiración. Pero la inspiración utiliza lo que sé. El conocimiento es indispensable.

Cuando yo hago con el  conocimiento de una relación siempre lo mismo para obtener un resultado diferente, parece una experiencia diferente, pero es la misma. Tenemos un conocimiento -lo que nos creemos que somos- que es como una brújula. Con ella buscamos el amor, y aunque sea por caminos diferentes, siempre llegamos al mismo lugar. Porque el conocimiento de lo que creemos que somos está equivocado. El amor es lo único que te ofrece siempre una experiencia diferente con el mismo sabor.

El amor es lo que yo sé de mí -lo real-, mi esencia. En tanto me conozco, conozco el amor -como no conozco lo real de mí, no conozco el amor que soy, el amor de Dios-. Busco el amor con un conocimiento limitado, y llego a algo incompleto y equivocado. Conocemos tan poco de nosotros mismos que el amor se retrae. Y proyectamos nuestra falta de conocimiento del amor en lo que percibimos.

La libertad está donde convergen el amor y la sabiduría. Creer en el conocimiento te da recursos para transformar tu mente, pero se queda en conocimiento, y se invalida si no eres tocado por el Espíritu santo, porque lo usas tú con lo que sabes, y no te lleva. Y el conocimiento devocional del amor queda en una emoción, queda escindido de una parte de la conciencia. Tanto el amor como el conocimiento no son suficientes por sí solos. Cuando vivimos inspirados por el Espíritu santo, conocimiento y amor están integrados.

El conocimiento sólo puede ser usado por el Espíritu santo para que se convierta en un gesto de amor. El conocimiento puede ser manipulado, alimenta o envenena según si la mente está al servicio del amor o no. Cuando confías en tu conocimiento estás perdido. Tus ideas no te van a llevar a la verdad. Si confías en el Espíritu santo –inspiración-, Él te guiará. Al ser inspirado se te dice cómo has de hacer, y se te insufla amor para que lo puedas comunicar. ¿En qué punto entregas tu conocimiento a la inspiración? ¿Para qué puede ser usado?

La inspiración requiere que no sepas nada del amor, que lo poco que sabes de quien tú eres -amor- lo pongas a un lado y digas: confío en el misterio. Es un gesto de entrega, entregas el amor. Con el poco amor que tienes convocarás -serás inspirado- a un amor más grande. Con lo poco que sabes se te va a enseñar lo que no sabes.

Abrirse a un amor más grande es un acto inspirado. Buscar el amor ciego esperando recibir el amor que recibí en un momento del pasado no lo es. El amor ciego no está integrado con el conocimiento silencioso del Espíritu santo.

Necesitamos la confianza en lo desconocido -no es el amor que conozco ni lo que sé del amor- para podernos poner a la orilla del río y decir sí.

martes, 3 de enero de 2012

El amor


Sólo el amor de Dios es la salvación. Y sólo se puede descubrir el amor quitando los obstáculos a su conocimiento.  En la medida en que te conoces a ti conoces el amor, y viceversa. Y una vez conocido, es en lo que te conviertes.

El amor de Dios es una experiencia que lo abarca todo y lo acepta todo tal como es; te recuerda que no necesitas una forma específica de solución, y a la vez atrae la solución perfecta específica. Te deja en una sensación de unión y silencio.

Es necesario que tengamos una experiencia del amor de Dios a través de buscar el instante santo. Es un instante en que nos rendimos ante el amor, es un lugar de comunión con el otro. Aparece en la medida en que te dispones a perdonar. La relación santa es  la expresión del instante santo; es ofrecer la relación al Espíritu santo para que intervenga y se valga de ella para sus fines. Entonces aparece un cambio de propósito radical en esa relación. Te relacionas con el amor a través de tu hermano.

La experiencia del amor no necesita entrenamiento, no necesita nada, sólo pedirla honestamente y con humildad. Cualquier ser de la creación puede experimentar el amor de Dios ahora. Lo único que necesitas para resolver cualquier dificultad es el amor de Dios. Es la visión y la fortaleza.

Nuestras ideas sobre el amor nos confunden,  son un obstáculo. No podemos amar por nuestra cuenta. Un amor humano nunca va a ser suficiente.  El amor de nuestra alma está delimitado  por nuestros canales creativos y de comunicación. Pero podemos pedir una experiencia de amor, sabiendo de dónde partimos  y haciéndolo a un lado.

El curso busca la indefensión; no sabes nada, lo que percibes no tiene significado, no conoces el propósito de nada… Este conocimiento deshace el personaje del ego. Esto es paralelo a una experiencia inmediata que puedes convocar ahora. El entrenamiento es para que en el momento de vacío pidas la mirada del amor, la visión. Si no estás entrenado no lo ves y pides otra cosa. A través del entrenamiento se transforma la mente para que el Espíritu santo se pueda expresar a través de todas nuestras relaciones.

Con la visión del amor podemos ver los conflictos y crecer con ellos. La mirada del amor es fortaleza. Cuando experimentas el amor eres el amor, y no necesitas comprender. Para convocar la mirada de la inocencia o de Jesús tenemos que dejar de ver con nuestros ojos.

Para ir al amor se requiere conciencia y atención. En la atención convocas la presencia, la conciencia, haces lo que se requiere aquí y ahora. En el amor no hay inercia. Hay atención, presencia y disposición a servir. Convocar el amor es servir. Rendirse. El Espíritu santo va a comunicar amor a través de ti por el hecho de rendirte.

La solución es el amor de Dios. Para todo.  Necesitas atención, y pedir sentir el amor de Dios -el milagro o perdón-. Olvídate de perdonar tú.

El milagro es algo en la mente, no en la materia. Pasan milagros continuamente, porque continuamente el ego pone obstáculos al amor. Pedimos el milagro de que los obstáculos desaparezcan. El entrenamiento es para que la mente pida milagros continuamente y se alinee con Dios.  La mente entrenada -la mente en oración- es importante para sostener la experiencia del amor y para expresarla en la vida.

Puedes pedir el milagro de ver e interpretar lo mismo de siempre de otra manera. No pides que cambie algo externo, pides la visión. Cuando eso pasa, ves al otro inocente. La relación especial es transformada realmente cuando proteges al otro de tu ego. Te conviertes en el guardián de la inocencia de tu hermano, y la conservas para él.

El amor transforma el mundo entero. Transforma todo tu pasado. Todo hacia atrás y hacia delante se despeja. Si lo que pides es amor, tiene que pasar -estoy dispuesto a experimentar amor en estas circunstancias-. El resto son consecuencias del amor.

Esta vida es un sueño sin densidad real. Por eso el sufrimiento o la enfermedad no son un camino hacia Dios, aunque los aprovechas. Dios no te da los problemas para que lo encuentres a Él.  Puedes ir a Él directamente. No estamos en un juego divino donde las dificultades nos llevan a casa, sino en un juego macabro que no tiene la pretensión de llevarnos a casa. Vamos a ir a pesar del juego -que nos quiere distraer-. Todo, el ego lo usará para perdernos y el Espíritu para encontrarnos. El Espíritu santo aprovechará lo que hay  para sacarnos del ego.

Una vida de dicha es fruto de tener la mente alineada con la voluntad de Dios -el amor-. Cuando estamos alineados con Dios  nos hemos realizado en la Tierra.
La única función en este mundo es perdonar o corregir errores, es decir, alinearnos con Dios y pedir el milagro. Cuando quieras culpar al otro, pregúntate: ¿esto es amor o es un ataque?

La distancia entre nuestro ego y la realidad ya se salvó. No hay que hacer nada. Sólo hacerse cargo de estar orientado. La percepción siempre es una interpretación de lo que está sucediendo.  Puedes renunciar al enfado, al resentimiento…y decir: Padre, yo me oriento hacia ti.

Cuando te comprometes ante Dios al amor eterno sientes su fuerza siempre igual dentro de ti, es un vínculo sagrado. Nosotros somos la representación de la divinidad. La inocencia está en una frecuencia que no interactúa con el mundo y no puede ser tocada. Dios guarda ese lugar, y tus errores quedan fuera.

Jesús dice: vosotros invitadme a todo lo que hagáis, y todo estará tocado por el amor.
Que tu vida sea una esperanza. Pídelo, inventa tu rezo. Entrégalo todo al Padre. Y escucha.

martes, 27 de diciembre de 2011

Cada conciencia funciona por sí misma

Recientemente descubrí gracias a una de las reacciones típicas de mi personalidad  que cada conciencia funciona por sí misma para sí misma. Parece algo críptico dicho así, pero es algo sumamente sencillo cuando uno repentinamente se observa desde fuera de su propia conciencia. Cuando uno es testigo de su mentalidad.

Cada conciencia personal o colectiva  es un campo de conciencia y energía.  Un campo morfogenético. La conciencia de un escarabajo no puede pensar como la de una lechuga. ¡Parece obvio pero no lo es! La mente de tu padre no puede pensar como la de tu hijo. Tu conciencia no puede pensar como la mía.  ¡Estamos separados por nuestros campos de conciencia personal!

Y cada conciencia se cubre a sí misma con sus pensamientos, se siente completa, busca la satisfacción en sí misma, hace lo posible para sobrevivir y protegerse de los otros campos de conciencia.  Tiene una función específica, y por ello simpatiza con unos tipos de conciencia y no empatiza con otros. Puede generar simbiosis, alimentarse de otros campos, pero siempre para confirmar su existencia, que delimitan de su propio campo morfogenético. Cada conciencia es lo que piensa.  Si eres una persona generosa no entenderás la avaricia; si eres vegetariano es normal que estés en contra de los carnívoros; y por eso a  un soldado no se le puede pedir empatizar con el enemigo, si antes no conecta con su propia humanidad, que es un campo de conciencia más amplio y abarcador.

Y es que cada conciencia se identifica con otros campos pero sólo en la medida que le sirven para sobrevivir, ¡para mantener su identidad! La identificacion es parte del mecanismo del campo para poder seguir existiendo. No se trata pues, de dejar de ser uno mismo, en sentido de despersonalizarse, sino de aceptar que nuestra conciencia personal es la que es, y que puede ser afinada con una conciencia mayor, con una mirada que podemos llamar espiritual, que no es nada más que una conciencia que no excluye ni rechaza nada porque abarca todos los campos como partes de sí misma. Como una madre considera a todos sus hijos respetando sus diferencias.

Pero por qué digo esto? Porque el único modo de liberarse de nuestro egocentrismo no es dejando de tener un ego, sino dejando de identificarse con nuestra personalidad! Tenemos un campo de conciencia personal, pero no somos ese campo. Y no vamos a cambiarla con un disfraz! Los campos no puedes ser transformados porque están cerrados con un sistema de pensamiento que si no pensaran como piensan ya no serían ellos mismos. Jonàs no quiere dejar de ser Jonàs! A eso lo llamamos muerte. La  evolución es sólo una adaptación del campo, no es una transformación de todo el organismo, como la metamorfosis de una mariposa.

Este reconocimiento interno puede ser una revolución para integración real de la coherencia, la  humildad y la autoaceptación. Algo muy liberador si lo miramos con profundidad. Por qué? Porque no podemos hacer nada. Nada-de-nada. Mi conciencia funciona por sí misma, igual que funciona mi aparato digestivo, mi corazón o mi metabolismo. Es un campo que se cuida de sí mismo, que funciona automáticamente. Que tiene su razones para existir tal como es, que busca lograr sus objetivos, satisfacer sus necesidades.

El problema llega cuando le atribuimos funciones que no tiene ni puede cumplir. Cualquier manipulación en mi sistema desajusta el equilibrio del campo, no lo ayuda realmente a transformarse. Es como una mutación, sigue siendo una lechuga pero sabe a remolacha. ¿Cuál sería la diferencia si seguimos siendo lo que no somos, más bonitos o más feos? Más azules o más delgados. El Ser que somos no es un campo de conciencia limitado porque no es algo que necesite adaptarse ni sobrevivir. Es universal. 


Si su pasado fuera tu pasado.
Si su dolor fuera tu dolor.
Si su nivel de conciencia fuera
tu nivel de conciencia.
Pensarías y actuarías exactamente
como él o ella.
Esta comprensión trae,
perdón, compasión y paz.
Eckhart Tolle.

Todas las cosas obran conjuntamente para el bien


miércoles, 14 de diciembre de 2011

Yo soy la causa del mundo que veo



Amar es incluir, es reconocer que el otro no está fuera de ti.  Si no lo incluyes, lo  estás negando.  La negación puede tomar muchas formas, pero básicamente da lugar a la culpa y al miedo.
La proyección es el mecanismo de defensa del ego para no sentir la culpa y el miedo. La culpa a veces es amortiguada por nuestros mecanismos de defensa, pero no resuelta. Hay que reconocer el mecanismo de defensa del ego para hallar la causa (el pensamiento) de la proyección. Hay que ir a la raíz de la culpa, teniendo en cuenta la conciencia colectiva, para poder sanarla (existe la culpa personal y la culpa sistémica, de la conciencia colectiva de tu grupo). La mente cree que a través de la culpa vas a expiar.
Hay un ego que es la personalidad individual. Pero compartimos un ego colectivo (conciencia colectiva del grupo al que perteneces) que te hará sentir inocente o culpable.  La proyección proviene de un movimiento mucho más amplio que tu persona, y tu diseño personal lo expresará de una forma determinada. El trabajo radica en reconocer y observar tus mecanismos de defensa, y conectar con lo que estás sintiendo realmente.  Traspasar el límite de la culpa es lo que te hace crecer. Los límites te hacen sentir seguro, pero si no los traspasas no creces ni asciendes en la conciencia.
Liberarse de las leyes del mundo implica un perdón profundo, hay que hacer un trabajo de honestidad radical.  Este entrenamiento es para trascender nuestra condición humana (no sólo las condiciones individuales/personales).  
La causa de la percepción eres tú. El mundo es un efecto de tu mente. Primero hay que reconocer la causa del mundo que ves (es un pensamiento de ataque, y para reconocerlo hay que ver el mecanismo de defensa); luego abandonarla, y  el Espíritu Santo hace el tercer paso. La responsabilidad de nuestra experiencia es nuestra. Si no reconocemos esto siempre estaremos en el primero de los dos pasos que nos corresponden a nosotros. No se necesita total disposición, pero sí ver que necesitamos ayuda para reconocer que un pensamiento es la causa y abandonar ese pensamiento.  
Sólo puedes recibir solución en la medida en que estás abierto al amor, y dispuesto a rendirte y ver que no tienes más necesidad de esto. El perdón permite la integración. Tú no perdonas, se perdona a través de ti.



martes, 26 de julio de 2011

Caminamos juntos.

 
Es imposible recordar a Dios en secreto y a solas. Si quieres recordar a tu Padre, deja que el Espíritu Santo ponga orden en tus pensamientos y te dé la única respuesta con la que Él responde. Todo el mundo anda en busca de amor al igual que tú, pero no pueden saberlo a menos que se unan a ti en esa búsqueda. Si emprendéis la búsqueda juntos, la luz que os acompañará será tan poderosa que impartirá significado a todo lo que veáis. La jornada que se hace en solitario está destinada al fracaso porque ha excluido lo que quiere encontrar.
 

lunes, 4 de julio de 2011

Acéptate humildemente

Aceptarse plenamente implica reconocer el nivel de conciencia en el que te encuentras. No eres superman, no eres un mono.
Una cosa son tus convicciones y aspiraciones espirituales y otra muy diferente es la experiencia que tienes de ellas. Seguramente desees el amor para todas tus relaciones, pero es muy probable que no lo hayas realizado. Quizá desees la paz en el mundo pero es muy evidente que aún tienes relaciones conflictivas. 
Coherencia significa que no sacrificas tus ideales pero tampoco actúas en base a algo que no has integrado. Puedes reconocer por ejemplo, que no eres este cuerpo pero no por eso vas a descuidarlo o a ponerlo en situaciones que lo dañarían. Comprender que lo que estas haciendo lo estás haciendo bien dado el nivel de conciencia que dispones es asumir responsabilidad por lo que disnponemos y deshacerse de la culpa por no encontrarse mas allá de nuestras limitaciones. Aceptar con humildad donde te encuentras permite que tu Ser te revele Su Conciencia más allá del lugar que te encuentras.


Animados

Un Alma con un Hombre en la Tierra; no un Hombre con un Alma en el Cielo





¡Hamlet soy yo!


Si mi ego no sabe que está siendo representado por todos, mi personaje lucha por un protagonismo que sólo puede tomar el gran escenario al que pertenece. Como el haz de luz es al Sol, la estrella no es distinta de su propia luz, y así se iluminan mutuamente.
Cuando interpreto sin identifircarme con la experiencia de la actuación, la Obra y yo somos uno, y soy la gran obra de mi vida : mi conciencia se vuelca sobre la percepción sin juicio ni temor: Soy el testigo de la suma de los actos que me representan en todo.

Sin vida

Quien desea la muerte no sabe qué es la Vida.
Quien teme y huye de la muerte, no sabe que él es la Vida.


sábado, 2 de julio de 2011

El Nombre de Dios

Esta es una leccion que parte de una idea que se conoce en varios caminos misticos: encontrar el Nombre de Dios es conocer su realidad. Esto nos lleva de nuevo a la dimension espiritual del alma, q no es una conciencia q no se pueda alcanzar por la via racional. Buscar Su Nombre, es buscar la misma esencia inmutable y permanente en todos los pensamientos. Es un no-hacer para la mente q alcanza un estado no-mental por la inspiracion del espiritu santo.


El nombre de Dios no es una palabra, pero es Su Palabra. Los sufies describen esta busqueda de un modo muy bello, porque conecta con la poesia y el cuento de tradicion espiritual. Uno busca el nombre de Dios en todas las cosas: en la comida, en el paisaje, en los ojos del hombre; y en la naturaleza aparente de todas las cosas halla una puerta  a la divinidad. Y en cada accion se busca el centro de la naturaleza divina tambien: en la meditacion, en la danza, en el caminar. Y en esta busqueda, el caminante descubre q el camino y el caminar son lo mismo. Que el observador y lo observado son uno. Nos fundimos con el mundo de la percepcion, y mas alla de el, conocemos el Nombre de Dios. Porque por la fuerza de su Voz, hemos creado el universo. Ahora recorremos el camino a la inversa: omitimos lo aparente para descubrir lo esencial.

Invoco el Nombre de Dios y el mío propio.

El Nombre de Dios es sagrado, pero no es más sagrado que el tuyo. Invocar Su Nombre es invocar el tuyo. Un padre le da su nombre a su hijo y, de este modo, identifica a su hijo con él. Sus hermanos comparten su nombre y, así, están unidos por un vinculo en el que encuentran su identidad. El Nombre de tu Padre te recuerda quién eres incluso en un mundo que no lo sabe, e incluso cuando tú mismo no lo has recordado.

El Nombre de Dios no puede ser oído sin que suscite una respuesta, ni pronunciado sin que produzca un eco en la mente que te exhorta a recordar. Di Su Nombre, y estarás invitando a los ángeles a que rodeen el lugar en el que te encuentras, a cantarte según despliegan sus alas para mantenerte a salvo y a protegerte de cualquier pensamiento mundano que quisiera mancillar tu santidad.

Repite el Nombre de Dios, y el mundo entero responderá abandonando las ilusiones. Todo sueño que el mundo tenga en gran estima de repente desaparecerá, y allí donde parecía encontrarse hallarás una estrella: un milagro de gracia. Los enfermos se levantarán, curados ya de sus pensamientos enfermizos. Los ciegos podrán ver y los sordos oír. Los afligidos abandonarán su duelo, y sus lágrimas de dolor se secarán cuando la risa de felicidad venga a bendecir al mundo.